La incógnita
¿Qué puede estar pensando este hombre que, a pesar de enfocarle a menos de dos metros con un objetivo 18-105, fijaba su mirada en un punto fijo?
Quizás estuviera observando algo hermoso, único, inigualable.
¿Qué puede estar pensando este hombre que, a pesar de enfocarle a menos de dos metros con un objetivo 18-105, fijaba su mirada en un punto fijo?
Quizás estuviera observando algo hermoso, único, inigualable.
Me llamó la atención el metro de Oporto, sus paredes planas, ángulos rectos y azulejos pequeños (cómo no). Cuando me giré para ver la peculiar simpleza de la estación de metro “Aliados” pude sacar la siguiente toma en la que una mujer mayor parecía algo somnolienta.
Es curioso que en Oporto, lo nuevo es insípido y aburrido, y lo realmente llamativo y bohemio es lo antiguo, como la señora en la siguiente fotografía.
No hay nada como viajar a otros países y conocer otras culturas para despertar el ojo callejero.
En una de mis visitas a Portugal caminando por la Rua dos Clérigos en Oporto, me topé con una vieja barbería en plena calle. Era media tarde y la luz todavía era lo suficientemente dura como para generar reflejos en el cristal pero dejando entrever lo mas importante del interior, el barbero y la silla.
Los reflejos son un recurso muy utilizado en la fotografía callejera,
En plenas fiestas de Salamanca aproveché para tomar un refresco en una de las muchas terrazas de la plaza mayor. Estaba a punto de comenzar la “golden hour” y me atendió un camarero que se le veía bastante cansado por su trato hacia los clientes.
Cuando me di la vuelta al oir un ruido detrás de mi, tuve que estar rápido al tomar la siguiente fotografía. El sol entraba bastante fuerte por los soportales y se reflejaba en la cara del camarero desvelando su cansancio.
En pleno siglo XXI ya es difícil cruzarte con un sacerdote con sotana por la calle, pero en plena plaza mayor de Madrid encontrarte con dos y uno con la sotana blanca y otro con la sotana negra es mas difícil todavía.
Para realizar la toma estuve persiguiendo durante bastantes metros a los dos sacerdotes. Primero me fijé que el de la sotana blanca no separaba la mirada del móvil, quizás estaba whatsappeando con “El Señor”.